Robots a les arts escèniques

De RUR a JAL todo es Inteligencia Artificial

RAFAEL ESTEBAN a El Cultural | 04/04/2014 |

Imatge de l'espectacle Robots de Blanca Li

La historia de la ciencia ficción (y quizá de la ciencia a secas) pronunció por primera vez la palabra robot en RUR, la obra de teatro de los hermanos Capek escrita en 1920. Precisamente en una obra de teatro. Desde entonces, el robot no ha dejado de acompañar nuestras creaciones escénicas, incluido el utilizado recientemente por Oriza Hirata en la chejoviana Las tres hermanas, impulsada por el Robot Theatre Project. De todas estas apariciones (incluidas las cinematográficas como el JAL de2001, una odisea espacial) va tomando buena nota el mundo científico. Así lo reconoce Carles Sierra (Barcelona, 1963), vicedirector del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (CSIC), que aún recuerda la ópera Casparo estrenada hace tres años en el Palau de la Música con motivo de la Joint Conference On Artificial Intelligence. Música y libreto fueron firmadas por investigadores de IA. Pero, ¿puede un robot moverse libremente como en las coreografías de Blanca Li, al margen de la programación? Según Sierra, la robótica inteligente es autónoma en su toma de decisiones: “Los robots no necesitan la intervención humana y las decisiones de los movimientos se toman en función de los objetivos del robot y de una percepción del entorno. Es la gran diferencia con la robótica industrial, donde los movimientos están todos preprogramados”. Grandes empresas tecnológicas se han tomado muy en serio la relación entre danza y robótica. Japón, a través de Sony, ha conseguido hacer grandes coreografías con sus robots humanoides QRIO. También empresas europeas como Aldebaran en Francia han desarrollado “cuerpos de baile” con sus robots Nao (son los usados por Blanca Li en Robot). Estados Unidos tampoco se queda atrás con las técnicas de control desarrolladas por empresas como Boston Dynamics, recientemente comprada por Google. ¿Y la emoción? ¿Dónde quedan los sentimientos? “Los veremos emocionarse como parte del espectáculo -señala Sierra-. La robótica ya ha creado ingenios que imitan las emociones humanas. Es el caso del robot ERWIN, que puede expresar hasta cinco emociones manipulando la posición de la boca y los párpados. También hay avances ya para que ellos puedan leer nuestras emociones”.

Llegir reportatge sencer sobre robots i arts escèniques

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